Entrevista a Goyo Anchou*

Para vos, ¿qué es la pospornografía?

Hay algo que dice Ultra Violet en su autobiografía “Mis años con Andy Warhol” que me impresiona mucho siempre que lo recuerdo. No lo voy a citar textual, pero es algo así como que una de las mayores decepciones que tuvo su generación es que tanto el uso de las drogas para la expansión de la conciencia, como la liberación de las pantallas al sexo explícito (cambios micropolíticos en las conductas que ellos habían liderado con las mejores de las intenciones durante la década de 1960) se habían convertido con el tiempo en realidades monstruosas. Por un lado el río de cadáveres, cerebros quemados y cuerpos sujetos a la servidumbre de las drogas que luego de veinte años había diezmado no sólo su generación sino también la siguiente y, preveía (con mucha certeza), las que le iban a seguir a la siguiente. Por el otro, la estructuración de la industria de la pornografía que transformaba lo libertario que existía en el uso cinematográfico del sexo explícito en un sistema de opresión. No hay nada más lejano a la provocadora liberación de las costumbres que proponían las películas explícitas de la Factory que la fantasmagórica sucesión de cuerpos masificados en el discurso pornográfico que nos es contemporáneo y que hoy se repite, igual a sí mismo, un millón de veces en Internet. En las prácticas de la pornografía moderna no hay ninguna tentación hacia “el lado salvaje” que tarareaba Lou Reed, sino una misma y única reducción de toda práctica, incluso las más bizarras, a la misma neutralidad fría de todos los cuerpos expuestos en una serie infinita de categorías equivalentes.  La pornografía -tanto como las drogas- se han convertido en mecanismos de represión de los cuerpos y de las conciencias y esto es algo que Ultra Violet dice no poder perdonarse.

El posporno, a mi entender, retoma el uso del sexo explícito donde lo dejaron los libertarios sesentistas, haciendo abstracción (o negación o substracción) de lo que surgió en el medio.

¿Qué relación encontrás entre la pospornografía y el cine guerrilla?

La gramática de producción del posporno tiene necesariamente que ver con el cine guerrilla, en el sentido de que los que nos aventuramos en el género lo hacemos lejos de todo reconocimiento institucional y tenemos que recrear los valores estéticos de nuestra propuesta en relación con los medios de producción que tenemos a nuestra disposición, y que necesariamente afectan el discurso. En relación a esto, el cineasta de guerrilla no sólo tiene que readecuar su discurso de acuerdo a una gramática de producción que genere sus propios valores estéticos, sino también proponer una gramática de recepción dentro de la cual las imágenes proyectadas sean sólo un medio para la generación de situaciones en un espacio a liberar. El cine guerrilla es un cine-acto. En este sentido, la recepción del porno tradicional, el porno anterior a Internet, es más cercana a la de un cine guerrilla prototípico, ya que la película actua como disparador del acto en la sala, donde los individuos se relacionan entre sí en mayor medida que con los hechos representados en la pantalla.

Por otro lado, la gramática de recepción del posporno es más cercana al cine de arte tradicional porque, justamente, el chiste del asunto es sacar al sexo del gueto al que los pornógrafos norteamericanos lo relegaron. A los yanquis les encantan los guetos: en este caso,  ponen al sexo en un territorio delimitado, bien diferenciado del resto de su sociedad espectacular. Es así cómo la pornografía moderna, por estructurar un apartheid de la representación sexual, es intrínsecamente puritano. La acción posporno se opone a esta separación de las representaciones pero cae en la inanidad general del cine de arte, espectáculo de élites. Pero nada es perfecto, si lo fuéramos estaríamos muertos. No debemos descuidar ningún punto de fuga y deslizarnos a través de cada grieta que palpemos, quizás detrás de alguna reencontremos la libertad.

¿Cómo debería ser entonces un cine verdaderamente revolucionario?

En una sociedad de control dominada por las representaciones audiovisuales, que aíslan e inmovilizan a los seres reducidos en una masa, un cine verdaderamente revolucionario debe romper con el espacio tradicional del patio de butacas, ocupado por espectadores inmóviles ante el despliegue lingüístico en la pantalla.

¿Crees que la pospornografía es una expresión contra-cultural?

Más que contra-cultural, creo que es para-cultural. La contra-cultura es revolucionaria y plantea la subversión de las estructuras. La para-cultura es reformista y pretende la ampliación de los límites dentro de estas mismas estructuras. Y en tanto el posporno, como propuesta audiovisual, no subvierta la relación alienante que produce espectadores frente a una pantalla, no será nunca revolucionario, ya que, si bien borronea los límites de los guetos dentro del mismo sistema audiovisual, perpetúa la separación entre los espectadores y la acción verdadera, que se aleja representada en la pantalla.  En tanto una propuesta posporno siga siendo así “espectacular”, esto es que implique una masa de seres prolijamente sentados en sus lugares, en un espacio no liberado, sujeto a los lazos del espectáculo, no veo razón por la cual no sea finalmente aceptado en los mejores salones, cuando los administradores de estos espacios comprendan que no implica ninguna verdadera amenaza al orden general. Es sólo cuestión de tiempo.

Si el posporno se institucionará, ¿crees que perdería su costado más político?

Todo acto, todo lenguaje entendido como acto, tiene un costado político. Pero si el posporno se institucionaliza es porque ya había perdido la posibilidad revolucionaria.

En el festival vamos a ver un adelanto de tu próxima película, ¿Cuál es la propuesta de Heterofobia?

Un chabón se hace la paja mientras piensa en vampiros que devoran reaccionarios machistas. Es una pre elaboración de una historia mayor que verá la luz eventualmente.

¿Cómo se te ocurrió la idea?

Estoy harto de la supremacía heterosexual.

*Mini Bio // Goyo Anchou: Nacido en Mar del Plata en 1973, estudió en la Universidad del Cine. Director, intérprete, productor, guionista, editor. Junto con Peter Pank, dirigió el documental La Peli de Batato (2011) acerca del legendario artista Batato Barea. Entre otras producciones suyas podemos mencionar los cortometrajes Supositorios de LSD (1994), Mi noche triste (1997), Anticine y Liberación (2006), Safo (2003) y Del amor (2010), entre otros.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s