Imaginar otro porno no sólo es posible sino que es un hecho ya consolidado. El posporno como propuesta artística y política aparece en escena para dar cuenta de que se puede producir pornografía desde una mirada no sólo feminista y subversiva, sino también autogestiva.

Por Laura Milano*

Si hasta hace unos años la discusión en torno a la pornografía despertaba la irritación de ciertos sectores del feminismo por considerarla una de las manifestaciones de opresión hacia las mujeres, de un tiempo a esta parte la acción política y creativa del activismo queer ha encontrado una mejor arma de combate: la pospornografía (o posporno).

Como dijo Beatriz Preciado (autora del libro Testo Yonki y del Manifiesto contrasexual) ´´el mejor antídoto contra la pornografía dominante no es la censura, sino la producción de representaciones alternativas de la sexualidad´´.  Este antídoto posporno que hoy presentamos toma su nombre de un trabajo de Annie Sprinkle, artista que luego de dedicarse muchos años a trabajar como actriz porno y prostituta comenzó a presentar sus propias performances y dirigir sus películas. Es partir de su show Post Porn Modernist, que comienza a utilizarse el término posporno para referir a estas expresiones artísticas.

Es a partir de la militancia de los colectivos LGTBI, de la reivindicación del trabajo sexual (encabezado por las prostitutas feministas nucleadas en el movimiento Pro-Sex de EEUU en los ´80), del feminismo postindustrial/postcolonial y de la cultura punk DIY (Do It Yourself o Hazlo tú mismo) que comenzó a cuestionarse la pornografía. No tanto como algo que debería dejar de existir sino como un discurso que podía leerse de forma crítica y reformularse para crear otros imaginarios porno. De esta intención crítica nace el posporno, una propuesta radical que busca re-apropiarse del porno y hacer estallar todos los estereotipos de sexo-género que en él se reproducen. Una idea alimentada por múltiples expresiones artísticas como las intervenciones urbanas, performances, nuevas obras literarias y producciones audiovisuales que abrieron el camino para mostrar otras representaciones acerca de la sexualidad que poco tienen que ver con lo que el cine porno siempre ha mostrado del sexo y de quienes lo protagonizan.

Porno vs. Postporno

Dicen que para muestra basta un botón. Y este dicho bien puede representar exactamente lo que la industria pornográfica vende: una imagen totalizadora que condensa y sintetiza aquello que se dice que es el sexo (y debe ser). Basta una película porno para encontrar aquellos recursos que una y otra vez se repiten en todas las otras películas del género: el sexo es penetración, eyaculación, orgasmo. Siempre el mismo relato con el mismo “happy ending”. Esta fórmula responde a la concepción de la sexualidad heteronormativa (donde lo ´normal´ es lo hetero) y coitocentrada (donde el sexo es el coito y los genitales son la única zona erógena del cuerpo). Frente a esto, la pospornografía propone una completa deconstrucción de género: las dicotomías de masculinidad/femineidad, varón/mujer, penetrador/penetrado, activo/pasivo son asumidas como construcciones o tecnologías; es decir como posibilidades y no como esencias. Desde este aspecto no hay nada natural en la sexualidad; los roles sexuales no están pre-asignados a la practica y por lo tanto, no existen jerarquías a-priori entre los sexo-géneros.  Por otro lado, la pospornografía reivindica y pone en evidencia la multiplicidad de prácticas que nuestra sexualidad nos permite explorar. Sadomasoquismo, porno lesbico,  juegos de rol, fist fuckin, fetichismo, transexualismo, exhibicionismo-voyerismo, ecosexualidad y todas aquellas prácticas que desafíen el orden sexual son recuperados y puestos en pantalla o en escena.

Hágalo usted misma: Posporno y DIY

En tiempos en los que cualquiera puede filmar, editar y subir a internet sus propios videos es fundamental tomar estas herramientas tecnológicas como instrumentos de resistencia. Así lo han comprendido aquellos que siempre fueron marginados del orden sexual normativo y hoy impulsan la movida posporno. Tomando la metodología ‘hazlo tú mism@ (do it yourself)’, las multitudes queer –como Beatriz Preciado llama a las bolleras, sadomasoquistas, osos, transexuales, dragkings, drag queens, intersex, hiperfemmes- producen sus propias imágenes de la sexualidad al modo que quieren, siguiendo el mandato errante y nómade de sus deseos. Pero además de las películas, la propuesta autogestiva posporno se materializa en talleres, festivales, muestras, performances, intervenciones y creaciones desde el software libre, entre otras múltiples expresiones.

Más allá de lo particular de cada grupo o artista, el trabajo como colectivo se alimenta  constantemente de una visión política compartida: apropiarse subversivamente de lo porno para mostrar nuevas representaciones de las sexualidades que desafíen aquello que nos fue impuesto en términos de sexo-género. Una tarea difícil pero no imposible.

*Cv escritor:

Laura Milano. Periodista. Colaboradora del suplemento Soy de Página/12. Publicó algunos de sus trabajos en Revista Sinécdoque, Poesía Urbana y otros medios alternativos. Cuasi licenciada en Comunicación (UBA), actualmente se encuentra realizando su tesis de grado sobre pospornografía. Experimentadora posporno en estado embrionario, ha participado como performer en eventos queer, videos y producciones fotográficas.  lauramilano3005@gmail.com

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